Kaizen-Change-GoodEmpezar una tarea nos suele costar mucho, sobre todo cuando es algo que nos importa e implica esfuerzo, como, por ejemplo, comer saludablemente, ir al gimnasio, ponerse a estudiar, hacer una compra pendiente, entre otras cosas. Hacerlo supondría sentirnos más eficaces, válidos, más seguros de nosotros mismos, incrementando de esta manera nuestra autoestima.

Aun y así, todo ello se nos hace cuesta arriba porque nuestra mente siempre va en búsqueda de la satisfacción inmediata, y nos distraemos con cualquier cosa. De todos es sabido que adquirir un nuevo hábito requiere de concentración y energía, por lo que la pereza juega en nuestra contra.

Ansiamos el placer a corto plazo que nos ayuda a evadirnos y a no afrontar, en vez de pensar en el beneficio a largo plazo, que nos llevaría a hacer un pequeño sacrificio hoy, acercándonos a lo que realmente queremos, sintiéndonos mejor con nosotros mismos, satisfechos y llenos de energía por haber conquistado esa meta o acción que se nos resistía.

Cuando actuamos impulsivamente, nuestro comportamiento viene acompañado de grandes dosis de culpabilidad, sea consciente o inconscientemente. Experimentando emociones de desesperanza y tristeza, ya que sentimos que nuestros objetivos están fuera de nuestro alcance y que no somos capaces.

Hoy, para combatir este problema, traemos una técnica que proviene de la sabiduría japonesa: “El método Kaizen o regla de 1 minuto”. ¿Qué significa Kaizen? El término procede de dos palabras japonesas: “Kai” = Cambio y “Zen” = Bueno. Su creador, Masaaki Imai, utilizó dicho término por la potencia de su significado, que en nuestro idioma viene a decir algo así como “Cambio a mejor” o “La sabiduría de la mejora continua”. Este método sirve para ayudarnos a vencer la pereza, y adquirir nuevos hábitos.

Consiste en “obligarnos” a nosotros mismos a realizar una tarea determinada durante un minuto al día, siempre a la misma hora. Lo que más nos cuesta es empezar, porque siempre nos ponemos excusas, y nos distraemos con cualquier pretexto que inventa nuestra mente, sin dar el primer paso, argumentando “-Me va a llevar demasiado esfuerzo y no tengo tiempo”, “-Mejor lo pospongo para mañana”.

La táctica de un minuto es ideal para concederle una oportunidad a lo que verdaderamente tenemos que hacer, ya que es una inversión que cuesta muy poco. Un minuto nos lleva poco tiempo, por lo que no empleamos demasiada energía. Por tanto, el secreto del éxito de esta práctica reside en su simplicidad y baja exigencia.

Una vez estamos tomando acción, es mucho más sencillo continuar, porque nos damos cuenta de que no era tan terrible y complicado como habíamos imaginado. Todo se basa en una pequeña trampa mental en la que el cerebro no percibe la tarea como algo imposible, sino como un reto asequible y alcanzable que debe realizarse de forma repetitiva y constante todos los días a la misma hora. Es esta reiteración de baja dificultad la que facilita que nuestro cerebro realice las conexiones neuronales necesarias para automatizar el hábito.

Nuestra mente siempre está en constante dualidad y lucha; “- ¿Salgo a correr o me quedo en casa viendo una serie?, ¿Me pongo a trabajar, o voy a mirar las redes sociales un poco más?”. Si habitualmente escogemos el camino fácil y cómodo, estaremos creando una rutina que nos costará romper. El primer día que decidamos elegir el camino difícil, es decir, aquello que en el fondo sabemos que es necesario, será el más difícil de todos, pero después nos sentiremos genuinamente mejor. Una vez realizada la primera “ardua tarea” vamos cogiendo el “flow”, y comenzamos a disfrutar del proceso, sintiéndonos orgullosos de haber iniciado aquello que llevábamos tanto tiempo postergando. Este estado mental generará una gran motivación, por lo que pronto la pereza, pensamientos negativos y auto-sabotajes habrán desaparecido y estaremos dentro de una espiral de cambio y superación altamente beneficiosa para nuestro crecimiento y desarrollo personal.

Con el método Kaizen se puede crear una disciplina. Si se hace cada día, aunque al principio sea ciertamente un minuto, al seguir intentándolo, la duración irá aumentando progresivamente y será muy sencillo implementar un nuevo hábito. Es decir, caminaremos dando pequeños pasos hasta nuestra gran meta, fijándonos pequeños objetivos y aumentando el tiempo de dedicación a la práctica que nos ocupa.

Por ejemplo, si nos queremos adentrar en el mundo de la meditación, pero no hemos meditado nunca, empezaremos por tratar de disciplinar la mente durante un minuto poniendo la atención en nuestra respiración consciente. El primer día seguramente nos sentiremos incómodos, pero con el paso de las semanas notaremos que la mente está más en calma y lo que antes era un minuto, ahora son diez.

No queramos abarcar muchas cosas y hacerlas todas a la vez, porque de ese modo lo que conseguiremos será saturarnos. Paso a paso, con buena letra, y con pequeños logros, que nos vayan haciendo avanzar con paso firme, nos sentiremos mucho mejor.

¿Te atreves?