soledad-o-independencia-emocional¿Tienes una relación saludable? ¡Enhorabuena!

Teniendo en cuenta la huella emocional sobre la que construimos el establecimiento de nuestros vínculos afectivos, podemos estar contentos de conseguir entablar relaciones de pareja alejadas de la dependencia emocional.

Modelos patriarcales, sociedades restrictivas, culturas castristas… vamos, lo ideal para conocernos bien a nosotros mismos y crear relaciones igualitarias, ¿no? Una clara representación de ello la encontramos en los cuentos y películas que nos han ido cautivando a lo largo de nuestra vida. Desde Disney hasta 50 sombras de Grey.

¿Recuerdas a la Cenicienta? una joven huérfana que vive con su madrastra y las hijas de esta tras el fallecimiento de su padre y de repente se enamora de un príncipe azul que pese a haberse quedado prendido de su belleza no recuerda su cara y tiene que recurrir al zapato que ella pierde para encontrarla y salvarla de su tan maltrecha vida porque pobrecita por ella misma no conseguiría ser feliz. Menos mal que no tenía un número de pie corriente, ¿verdad? Sino lo hubiese tenido complicado para encontrarla. O qué me dices de La Bella y la Bestia, una joven a la que le encanta leer y es estigmatizada por el pueblo como “rara” y “extravagante”, porque, citando textualmente lo que se dice en la película: “no es bueno que una chica lea porque empieza a tener ideas y a pensar”. Siendo posteriormente secuestrada por la Bestia, que pobrecita tenía tan buen corazón por dejarle ir a ver a su padre enfermo, que Bella se siente en deuda de defenderlo ante el pueblo. Parece ser que el Síndrome de Estocolmo lo tenía bien desarrollado esta muchacha. Pero, en el cine tenemos más ejemplos, pelis clásicas de nuestra adolescencia como Pretty Woman, por favor, ¿quién no ha visto esa película miles de veces? La mujer que quiere su cuento de hadas aunque el perfil del hombre sea el de vividor, mujeriego, adicto al trabajo… vamos una joyita, pero oye que conmigo será diferente porque mi amor es liberador. Otras como Crepúsculo, cuya protagonista, otra joven inocente, insegura y que no encaja en su mundo ni está contenta con su vida, es “rescatada” por su “príncipe vampírico” ya que solo él ostenta el poder de salvarla de su triste vida. Y por último, no me resisto a hablaros del gran Christian Grey, principal personaje de 50 sombras de Grey. Esas maravillosas novelas, después pasadas al celuloide, que parecía que iban a solucionar la pobre vida sexual de mujeres reprimidas que necesitan de un buen macho dominador para disfrutar del sexo.

Cuesta encontrar ejemplos donde el hombre sea el dependiente, pero también los hay en películas como 500 días juntos donde ella es la independiente emocional y él se vuelve loco con esa forma de vivir la relación que ella tiene ya que está fuera de lo convencional.

Entiendes ahora por qué te he dado la enhorabuena al principio, si es que eres un/a héroe/heroína por hacer de tu vida lo que te da la gana, ¿no? Ironías a parte vayamos a lo verdaderamente importante, cómo potenciar nuestra independencia emocional dentro de la relación de pareja:

Acéptate y acepta a tu pareja. Todo empieza por ti, quererte, valorarte y respetarte debe ser la base sobre la que construir tus relaciones saludables, tanto contigo mismo/a como con los demás. Aceptar que somos diferentes en cuanto a costumbres, gustos, opiniones, preferencias… te permitirá entender que no existe la necesidad de cambiar al otro para que se adecué a ti.

Concilia, busca acuerdos. Aprende a negociar, sin olvidar que en todo proceso de negociación la flexibilidad debe estar presente. Exigir en una relación es la crónica de una muerte anunciada. La rigidez y el absolutismo que denota tal exigencia abre una brecha grande difícil de arreglar. Hay que llegar a consensos, dialogando, no imponiendo en base a las expectativas que nos hayamos creado sobre cómo debe ser la unión. El que vive de cumplir expectativas perece por cúmulo de frustraciones.

Comunícate asertivamente. La comunicación es la base de cualquier relación de pareja, se precisa de un buen entendimiento entre las partes para llegar a conocernos mejor. Ese conocimiento es el que ayuda a perpetuar la unión, ya que ayudará a resolver los conflictos que vayan apareciendo. Se trata de expresar lo que pensamos y sentimos, sin caer en conductas sumisas o agresivas. No debes ser rígido/a en el trato, ya que puede que te equivoques. El diálogo siempre será la mejor vía hacia el entendimiento.

Mantén tu parcela de individualidad. Aunque hayamos decidido compartir nuestra vida en pareja, o parte de ella, no debemos olvidarnos que somos seres individuales con necesidades personales que precisan seguir siendo atendidas. Buscar momentos para ti, quedar con amigos o familia por separado, disfrutar de tus propias pasiones, etc. te ayudará a estar en equilibrio contigo mismo/a, sentirte realizada y estar motivado/a también para comentar con tu pareja las diferentes actividades que habéis hecho por separado, nutriéndoos ambos/as del bienestar del otro.

Establece límites saludables. Explicar lo que nos molesta de una forma tranquila y reflexiva, entendiendo que el otro puede que no piense lo mismo que tú. Ser capaz de mantener un balance sano entre lo que das y lo que recibes, sin que por ello te sientas obligado/a o culpable. Saber diferenciar lo que son las emociones y los sentimientos propios de los ajenos, estableciendo de esta manera una prioridad sobre lo que piensas y no sobre lo que se espera de ti. Decir no cuando consideras que la otra persona está resultando abusiva e irrespetuosa contigo. Ni el bueno es tan bueno, ni el malo es tan malo. Reconoce conductas propias y ajenas, sean aceptables o no. Sé respetuoso/a con los pensamientos, valores, creencias, opiniones, emociones y sentimientos propios y ajenos.

CIARA MOLINA
Psicóloga Emocional 
Máster en Dirección de Recursos Humanos
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