trastorno-de-control-de-impulsos“La habilidad de hacer una pausa y no actuar por el primer impulso, se ha vuelto un aprendizaje crucial en la vida”.- Daniel Goleman

El ritmo de vida, los resultados al instante, la competitividad, el estrés, el demostrar… actitudes sociales que hacen que la persona se acabe rompiendo y perdiendo todo control emocional sobre sí misma. El malestar que siente es tan grande que busca acciones impulsivas, rápidas, inminentes, que le proporcionen sensaciones placenteras o la aleje de la fuente de dolor emocional, lo que llamamos la búsqueda de satisfacciones inmediatas: abandonar a una pareja por temor a una ruptura, compras impulsivas, atiborrarse a chocolate, relaciones sexuales constantes sin implicación emocional, consumo de sustancias, etc. Es lógico pensar, que esta falta de control emocional no puede derivar en consecuencias muy satisfactorias, ¿no?

Cuando tenemos dificultad para controlar nuestros impulsos, nos vemos incapaces de dejar de hacer algo que deseamos hacer, aunque sepamos que no debemos hacerlo o resulte peligroso para nosotros mismos o para los demás. Simplemente no podemos postergar el placer que nos proporciona esa acción. Pero, las conductas impulsivas muchas veces se transforman en conductas de riesgo ya que, pese a que vienen seguidas de consecuencias placenteras inmediatas, los efectos negativos de las mismas pueden presentarse a largo plazo: baja tolerancia a la frustración, problemas de autoestima, desorganización, atención, planificación del tiempo, etc. ¿Por qué? Porque al tratarse de impulsos, la mente no aprende de la experiencia, no le estamos dando el suficiente tiempo para interiorizar lo que sucede, y por tanto, no tomamos consciencia de hacia dónde nos puede llevar esa falta de control. Es decir, son conductas motivadas por lo “emocional”, donde lo “racional” ha quedado apartado.

Cuando realizamos una conducta que podemos considerar adaptativa existe un equilibrio entre el “quiero, puedo y debo”, ¿qué pasa ante una desadaptada cómo la impulsividad? Se rige simplemente por el “quiero hacer”, perdiendo toda objetividad sobre el beneficio o perjuicio emocional en el que pueda derivar.

No toda impulsividad es mala, la impulsividad o conducta impulsiva es un mecanismo de defensa que evita el que la persona se pare a reflexionar sobre los aspectos y motivaciones de su comportamiento y , por tanto, frente a las emociones que estos le generan. Por lo que, en ocasiones, ayuda a evitar un mal mayor cuando nos alertamos de un peligro real. Por ejemplo, si voy conduciendo por la autopista y de repente tengo la sensación de que el coche de al lado va a hacer una maniobra que me puede sacar de la carretera, el hecho de adelantarme a dicha maniobra y frenar puede evitar que tenga un accidente (no es un proceso racional, es un impulso, una sensación, una intuición). Si finalmente el coche acaba haciendo esa maniobra, habré salvado mi vida. Por tanto, en este caso la impulsividad ha sido positiva.

Otra de las características de la personalidad impulsiva es la dificultad para aceptar los límites y la poca tolerancia al estrés y la frustración. No es capaz de escuchar los miedos que pueden aparecer tras sus deseos y se vuelve contra-fóbica. ¿Qué significa esto? Que en vez de huir de la conducta impulsiva la busca constantemente, tratando de evitar así el dolor o miedo que le produce la ansiedad y que le ha llevado a caer en este tipo de conductas desadaptadas. Es decir, utiliza la impulsividad como vía para paliar la angustia buscando salvarse de los sentimientos de vacío interior, cuando el mundo se torna amenazador y decepcionante.

Para trabajar la impulsividad lo más efectivo es aprender a gestionarnos emocionalmente: autocontrol emocional. ¿Cómo ejerceremos un control sobre nuestras emociones? A través de varías estrategias o técnicas que tienen que ver con la cognición y la conducta.

La clave la encontramos en la forma de interpretar nuestras emociones ya que es lo que determina nuestra forma de actuar. La forma en que reaccionamos frente a una emoción específica condicionará cómo actuará dicha emoción sobre nosotros. Mientras que hay personas que pagarían lo que fuese para montarse en una montaña rusa, otros no se montarían jamás. Ambas sienten los mismos nervios, pero los interpretan de manera diferente: diversión frente a miedo. Por tanto, el cuerpo nos proporciona la energía para hacer algo (emociones), pero cómo usar esa energía es una decisión nuestra.

Las emociones son necesarias para la supervivencia, pero hay casos en los que la respuesta emocional no está regulada correctamente y dan lugar a:

  • Alerta ante situaciones donde no existe una amenaza real (ansiedad)
  • Incapacidad para desactivarse del pasado (depresión)

maxresdefaultLa solución viene de la mano de la prevención, debemos aprender a actuar antes de que la emoción nos invada, porque cuando ésta lo hace ya estamos a su merced. ¿Cómo hacerlo? Aprendiendo a identificar los síntomas, como vimos en módulos anteriores. Pero no solo esto, debemos entender nuestro estado de ánimo, reconociendo cuando y porqué estoy así y después actuar sobre tales causas.

Si, aun y así, no lo consigues porque te ves abocado/a hacia un estado emocional adverso, te puedes ayudar de las siguientes técnicas:

Reafirmación

Se trata de pensar en lo que te ha provocado esa emoción e ir reduciendo su significado negativo al enfocarte en experiencias pasadas en las que has salido victorioso/a.

Si trabajas la autoafirmación cuando la intensidad de la emoción es todavía baja (síntoma), tendrás tiempo suficiente para hacer una interpretación de la situación menos ansiosa.

Técnica de la distracción

Consiste en desvincularte de la emoción adversa centrando tu atención en pensamientos neutrales, disminuyendo así la intensidad de la misma.

Piensa en el futuro más inmediato

Aunque siempre decimos los psicólogos que vivir el aquí y el ahora, momento presente, es la forma en la que nos mantenemos en equilibrio. Como en el momento ansioso nos sentimos nerviosos, enfadados y frustrados por la falta de control emocional, pensar en el futuro más inmediato resultará eficaz para mantener el control. Al final no se trata más que de desviar la atención.

Medita con asiduidad

La meditación consigue disminuir la activación de la amígdala de forma duradera y por tanto se presenta como una herramienta eficaz para prevenir pensamientos negativos repetitivos y controlar los impulsos.

Intentar relajarnos solo cuando nos asaltan las emociones adversas no es demasiado eficaz, debido a la intensidad de las mismas. En cambio, meditar de forma regular y respirar diafragmáticamente sí que consigue reducir esta intensidad.

Date permiso para posponer tu preocupación

Seguramente sea una de las maneras más efectiva de trabajar el autocontrol. Para la mente es igual de importante sacar la “basura emocional” como llenar el cubo de pensamientos positivos que favorezca el bienestar. Así que ayudarnos de estrategias como dedicar 20 minutos al final del día para enfocarnos exclusivamente en lo que nos pesa, y el resto del día tratar de desviar la atención hacia pensamientos más positivos, hará que la mente se sienta en equilibrio.

Encuentra el motivo de tus emociones

A largo plazo lo que realmente te hará tener un control emocional es el aprender a reconocer tus emociones y saber el por qué te ocurren. Es muy importante ser honesto con uno/a mismo/a en cuanto al por qué, evita auto-engañarte. Conocer la verdad real de tus sentimientos te ayudará a tratar la causa.

CIARA MOLINA
Psicóloga Emocional 
Máster en Dirección de Recursos Humanos
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