¿Qué son los abusos sexuales? Son las actitudes y comportamientos que una persona ejerce sobre otra sin su consentimiento y con fines dirigidos a su propia satisfacción sexual. Han de darse dos criterios fundamentales:

Coerción. Es cuando el/la agresor/a utiliza su situación de poder sobre la víctima, entendido éste como superioridad, para interactuar sexualmente con ella.

Asimetría de edad. El/la agresor/a es significativamente mayor que la víctima, aunque no necesariamente ha de ser mayor de edad, ya que, un/a menor de edad puede abusar de otro/a más pequeño/a.

no-violencia¿Quién puede producir los abusos sexuales? Estos pueden producirse entre adultos, entre un adulto y un menor o entre varios menores. No obstante, si bien es cierto, como decía, que los abusos sexuales pueden producirse entre personas adultas, suelen ser más característicos de la infancia o adolescencia, aunque las consecuencias pueden llegar igualmente a la edad adulta.

Para que se dé una situación de este tipo, no ha de existir necesariamente contacto entre las partes, por lo que las formas de abuso pueden ser distintas: penetraciones anales, vaginales o digitales, prácticas orales, caricias, proposiciones verbales, visualización de contenido sexual, ya sea a través de películas o viendo las prácticas que realiza el/la agresor/a en vivo…

Generalmente, los abusos sexuales no corresponden a un caso único y aislado, sino que se perpetúan con el tiempo. Esto suele deberse a que el/la agresor/a suele ser una persona conocida de la víctima: pareja, padre, madre, abuelo/a, vecino/a, hermano/a, tío/a, primo/a… De hecho, suelen ser personas de su círculo más próximo o de su propia familia y, juegan precisamente con esa posición, para tener amenazada a la víctima y no romper los lazos de unión con el resto de familiares y amigos/as.

La víctima suele experimentarlo como un hecho traumático, principalmente debido al tiempo que puede prolongarse la situación de abuso, que en muchos casos suelen ser años, y a la proximidad afectiva del/la agresor/a.

¿Cuáles son las consecuencias para las víctimas? Dependerá de cada persona y situación, pero las siguientes son las más comunes: baja autoestima, introversión, ansiedad, sentimiento de culpa, depresión, síndrome de estrés postraumático… Y respecto a la sexualidad, las consecuencias pueden ser: fobias sexuales, disfunciones, dificultades para alcanzar el orgasmo, visión negativa de la sexualidad… No obstante, en algunos casos, aunque en menor medida, despierta el sentimiento contrario y las víctimas experimentan la sexualidad de una manera desmedida, practicando conductas sexuales de riesgo, masturbaciones compulsivas, exhibicionismo…

De todas las consecuencias anteriormente citadas, el sentimiento de culpa es el que en mayor grado experimentan las víctimas ya que, al ser el/la agresor/a una persona conocida para ellos/as por la que, además, pueden sentir afecto, la contradicción que les genera es enorme. Por una parte quieren a esa persona y en otras situaciones se comporta correctamente con ellos/as pero, la otra cara de la moneda, es que abusa de ellos/as y les amenaza con contar lo que está pasando al resto de la familia, haciéndoles partícipes y responsables de la situación. Por esta razón, el sentimiento de culpa se hace cada vez más fuerte y la ansiedad a la que continuamente están sometidos/as termina por afectar otras áreas de su vida: alimentación, sueño, estudios, relaciones sociales, comportamientos…

¿Cómo podemos trabajarlo?

Dependiendo de si los episodios de abusos son descubiertos o no y de la edad de la víctima, hay personas en las que en el momento que se conoce la situación de abuso, es absolutamente necesario empezar a trabajar con ellas. Mientras que hay otras que, tras estos episodios, especialmente si no han sido descubiertos, crean una barrera emocional al respecto y, en general, siguen con su vida lo más normalmente que pueden. No será hasta quizás años después cuando a partir de una situación concreta, de conocer una pareja, de revivir un viejo recuerdo… cuando estos sentimientos enterrados vuelvan a resurgir.

No es fácil para las víctimas aceptar y reconocer la situación de abusos que han vivido ya que les genera un enorme malestar emocional, sin embargo, es absolutamente necesario asumir la situación que vivieron para que sean plenamente conscientes de ello y empezar a trabajar el sentimiento culpa que tan arraigado suelen tener. Liberarles de toda culpa y trabajar conjuntamente para que entiendan que no son en absoluto culpables de la situación, será la base necesaria para seguir abordando todo el resto de áreas afectadas.

Trabajar toda la parte emocional. Ansiedad, depresión, baja autoestima, creencias irracionales… Es necesario ventilar y subsanar todos estos aspectos para ir recobrando su confianza y, de esta manera, retomar de una manera segura y sana las riendas de su vida. Se practicará la relajación, la realización de actividades placenteras, el control de pensamientos negativos… Se aplicarán toda una serie de recursos que ayudarán a la víctima a contrarrestar todas las consecuencias sufridas, para empezar a disfrutar de su nueva vida lejos de las limitaciones que éstas podían causarle.

Nos ocuparemos también de la parte sexual. Construiremos un concepto sobre la sexualidad positivo y realista, que le ayude a desprenderse de toda la negatividad y el miedo que la situación le haya creado. Trabajaremos en primer lugar, de manera individual, a conocer su cuerpo sexuado, a quererlo, a disfrutar con él y a proporcionarse placer. Y, poco a poco, lo iremos extrapolando a la pareja para que no quede tampoco ninguna limitación en su vida sexual.

LARA ANTIQUINO
Psicóloga Sexóloga
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