pexels-photo-1102205Hoy es para mí un día especial.

Os quiero presentar a Ana.

Ana es mi paciente desde hace ya un tiempo, tiene 22 años y sufrió abuso sexual a la edad de tres por parte de un amigo de la familia que estaba encargado del cuidado de ella y a su hermano. Ella toma consciencia de este abuso en el despertar de su adolescencia y eso le supone un cuadro ansioso-depresivo del que a día de hoy está consiguiendo salir.

Ha querido compartir con todos vosotros esta carta, y en especial con los sobrevivientes de abusos sexuales en la infancia, como parte de su propio proceso de recuperación, esperando pueda ayudar a personas como ella en este largo y duro camino.

Espero que la leáis con amor, respeto y empatía.

«Querida Ana:

Eres pequeña, inocente, frágil, tierna y alegre. Hay una persona, un adulto amigo de tu padre, que se percata de todo esto y va a aprovecharse de ello. Va a aprovecharse de tu inocencia para enseñarte un “juego” y te pedirá que lo mantengas en secreto. Que es algo entre ustedes dos y tú no lo vas a ver mal porque confías en él y confías en que el mundo es un lugar bueno. Crees que nadie te va a lastimar y mucho menos en tu casa.

Te va a comenzar a tocar de formas inapropiadas y no lo vas a detener porque crees que no está mal. Vas a poder ver su cara de placer, vas a darte cuenta de lo mucho que lo disfruta y no entenderás porqué. Y lo va a hacer más de una vez. Guardarás su secreto por muchos años por miedo, porque te vas a sentir avergonzada y porque creerás que también fue tu culpa permitir que abusaran de ti. Creerás que tuviste la oportunidad de pararlo y no lo hiciste y te culparas por ello. Pero déjame recordarte que nunca fue culpa tuya porque tenías tan solo 5 años. Porque no sabías que podía haber tanto mal en el mundo y no creías que alguien que tú conocieras podría aprovecharse de ti de esa manera.

No fue tu culpa porque no sabías que estaba abusando de ti. No fue tu culpa porque confiabas en él. No fue tu culpa porque eras una niña inocente que vestía overoles y playeras al ombligo porque te hacían sentir segura. No fue tu culpa porque tan solo eras una niña. Fue culpa de tu abusador. Fue culpa de la persona que era 30 años más grande que tú y decidió tocarte de formas indebidas. Fue culpa de tu abusador porque, él siendo una persona mayor y consciente de sus actos, tomó esa decisión. Fue su culpa porque él sabía que estaba haciendo algo malo a la hija de su amigo y nunca se detuvo. Fue su culpa porque él sabía que era abuso sexual y pensó que se saldría con la suya. Fue su culpa porque él sabía lo que hacía y estaba consciente de ello y tú no. Esa es la diferencia.

Pero, eventualmente y a pesar de tener miedo, vas a decidir hacerle frente a tu abuso sexual. Vas a comenzar a hablar de ello con tu familia, amigos, pareja y psicóloga. Vas a pedir ayuda cuando creas que la necesites y no va a ser fácil. Te vas a querer dar por vencida cuando las cosas se pongan complicadas, pero va a valer la pena. Dos años y medio después de iniciar tu proceso de recuperación, te vas a dar cuenta que todo el tiempo que invertiste en ti ha valido la pena. Te vas a conocer mejor y te amarás como nunca lo has hecho. Te vas a aceptar y te darás cuenta de tú valor. Podrás comenzar a hacer las paces con tu pasado y dejarlo ahí, en el pasado, para que te deje de afectar en tu presente. Y un día te vas a agradecer que no te diste por vencida. Te darás cuenta de que el abuso sexual es un suceso más en tu vida, pero que no te define. Serás más fuerte, más consciente, vulnerable, alegre, te sentirás más plena y aprenderás a amarte.

ANA»

De parte de Ana y mía, muchísimas gracias por tomaros un tiempo para escuchar su historia.