Captura de pantalla 2020-07-31 a las 9.36.53Ciclo de Violencia”, a uno/a ya se le pone mal cuerpo nada más leer el concepto, ¿verdad?

Lamentablemente, con el paso de los años, no decrece el índice de violencia dentro de las relaciones de pareja. A veces, aunque pueda parecer mentira, nos cuesta hasta identificarla, pese a vivirla en primera persona. Es por ello que quiero mostrarte la rueda, el bucle… el ciclo que sigue el comportamiento violento, con el objetivo de hacerte de faro y ayudarte a liberarte de esas cadenas tan pesadas.

 

¿EN QUÉ CONSISTE?

El ciclo de la violencia consta de cuatro fases a través de las cuales la tensión aumenta de manera progresiva hasta que, lo que podríamos considerar un conflicto o una discusión “normal”, puede desencadenar en un acto violento.

Las etapas que conforman esta escalera progresiva, de aumento de tensión, son las siguientes: CALMA, ACUMULACIÓN DE TENSIÓN, AGRESIÓN y LUNA DE MIEL.

FASE DE CALMA

Llamamos a esta primera fase, la calma, dado que en ella no se detectan desacuerdos entre los miembros de la pareja y todo se vive de manera idílica. Sin embargo, la persona que se encuentra dentro del rol víctima puede empezar a tener la sensación de que la calma solo se mantendrá mientras que todo esté correcto según el punto de vista de su pareja.

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FASE DE ACUMULACIÓN

Durante esta fase la pareja transita en diferentes estados de tensión, silencios, falta de comunicación, omisión de lo que les está perjudicando del otro, enfado, frustración, incomprensión.

Es también habitual que entre ellos/as se dirijan expresiones y gestos en forma de minusvaloración, menosprecio y descalificación de lo positivo del otro, incluso que lo justifiquen y normalicen su comportamiento.

Mientras que la persona sobre la que recaen estas críticas intenta justificar su propia reacción, asumiendo parte de responsabilidad en la opinión vertida sobre ella: “algo he hecho mal”, “seguro que me lo dice porque tiene razón”, “será mejor evitarlo y no discutir”, “lo evito porque no quiero que discutamos”, “tengo miedo de que vaya a más”… El otro miembro de la pareja va a intentar poner de su parte agradando, volcándose, dirigiendo su atención en que su compañero/a se sienta a gusto. Llegando incluso a normalizar o sostener esa tensión para evitar la confrontación o un posible conflicto.

Si no se confronta o se aprovecha una oportunidad en la que la pareja pueda expresar sus sentimientos y lo que piensan del otro, la tensión puede acumularse sin vía de escape.

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FASE DE EXPLOSIÓN O AGRESIÓN

Esta fase aparece cuando la tensión alcanza su nivel más álgido. La olla a presión estalla buscando una salida en forma de agresión física, verbal y/o sexual.

Es aquí donde, la persona receptora de violencia se siente indefensa, desbordada, sin recursos para poder hacer frente a la agresión. Rompe la imagen o idea que tiene de su pareja, y choca con un límite de lo que considera que puede soportar o permitir de ella. Se vulnera, se divide por la incomprensión del momento.

Es la misma persona a la que quiero la que me hace tanto daño físico. Me lo da y me lo quita todo. Algo muy difícil de aceptar y asumir.

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FASE DE LUNA DE MIEL

La persona que dirige la violencia pide perdón, expresa arrepentimiento, tiende a justificar que ha estado fuera de sí, que no lo pudo controlar, y que esa reacción no es algo natural o coherente con su ser.

En esta fase es habitual que busque activamente una reconquista, reconciliación con gestos de cariño, atención, disponibilidad, afecto. Expresa con decisión su disposición al cambio y verbaliza propuestas que representen dicho cambio: “vamos a hacer…”, “voy a conseguir…”, “eso que querías, prometo que…”, “si tu expectativa es…, yo voy a hacer que valga la pena”.

La persona que ha recibido la violencia mantiene sensaciones contradictorias, situándose ante la ilusión y la expectativa de cambio de la pareja, la necesidad de la estabilidad dentro de la relación, y el miedo a que pueda repetirse.

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¿POR QUÉ SE MANTIENE EL CICLO DE LA VIOLENCIA?

Expectativa de cambio:

La víctima siente que la pareja puede cambiar, que en los momentos en los que han estado en fase de luna de miel ha demostrado interés, capacidad, ilusión y disposición hacia ella. Considera que también tiene la capacidad de hacer cambiar a su compañero o compañera y que dicho cambio les estabilice.

Son situaciones muy confusas:

Por un lado, los acontecimientos violentos entremezclados con episodios de ternura y arrepentimiento actúan como un arma de doble filo. Se pueden soportar si después de la tormenta vuelve la calma. Los episodios de luna de miel son muy reconfortantes y actúan como bálsamo después del sufrimiento que genera la tensión.

Por otro lado, la necesidad de estabilidad y mantener el equilibrio emocional dentro de la pareja, provoca que se intente evitar el conflicto y/o posponer la resolución. Esto, junto al miedo a enfrentarse de nuevo a la violencia, tiende a desequilibrar la balanza y a reducir mucho la posibilidad de la víctima busque ayuda.

Por último, es fundamental tener en cuenta los FACTORES QUE SUELEN SER CIRCUNSTANCIALES Y QUE INFLUYEN NEGATIVAMENTE:

  1. Falta de apoyo: Si la pareja no se relaciona con su entorno (familiares, amistades, conocidos…) es más fácil que quien reciba la violencia no encuentre apoyo y tenga la sensación de estar solo/a.
  2. Sensación de impotencia: es habitual que la víctima acabe considerando que no puede hacer nada por cambiar la situación, que ha de aguantar, porque tampoco puede hacer nada. Pierde fuerza e interés porque no se siente con capacidad para encontrar una alternativa a la situación que está viviendo.
  3. Hijos/as a su cargo: la sensación de poder frenar una situación se dificulta cuando existe en la pareja un núcleo familiar y un contexto de convivencia. La necesidad de mantener la estabilidad, la unidad familiar, de evitar la ruptura, provoca su mantenimiento.

El peligro que entraña es que este modelo (“Ciclo de Violencia”) o forma de resolución de la tensión entre la pareja, se perpetúa, y la violencia va en aumento. Digamos que las fases se repiten, reduciéndose el tiempo entre ellas hasta ser, en la mayoría de los casos, una dinámica estable.

¿QUÉ HACER ANTE ESTA SITUACIÓN?

Lo primero que debes saber es que no estás solo/a. Cuando se vive una situación como esta, es normal que te resulte difícil pedir ayuda. Puedes tener la sensación de que vuestra relación está muy resentida, que quizá tu pareja no vea con buenos ojos el hecho de contar con un apoyo o incluso, creer que en el punto en el que os encontráis, ya no es posible encontrar una solución.

Sin embargo, si tras leer el artículo te percatas de que tu relación de pareja se encuentra inmersa en una dinámica como la que se menciona, pero no estás seguro o segura de si puede incrementarse la tensión, si lo que habéis vivido es más o menos grave, si te da miedo dar el paso… debes saber que existen muchos recursos para ayudarte a romper el ciclo.

Empezar por reconocer que existe un problema es el primer paso a la solución.

¿Quieres conocer algunos de esos RECURSOS para empezar a abordar el problema?

  1. Si estás en calma, pero tienes la sensación de que uno de los dos se acomoda más al otro, que pones más de tu parte para que no haya motivos por los que podáis discutir, o percibes que te quedas con ganas de mostrarte más sincero/a con tu pareja, es fundamental que tratéis de buscar momentos de calma para expresaros. La mayor parte de las veces esperamos a que el vaso esté rebosante para hacerlo. Aquí hablamos desde nuestro enfado, proyectamos ira, frustración, impotencia…. Y a nuestra pareja sólo le llega esto. La comunicación asertiva será la clave, es decir, hablar de lo que pienso y siento, sin caer en conductas sumisas ni agresivas.
  1. Terapia de pareja. Si en vuestra pareja es habitual acumular tensión, que buscáis evitar el conflicto; que, cuando ocurre, los estallidos son intensos y la agresión verbal frecuente, y tienes miedo a que alcance un pico más fuerte, la terapia de pareja puede ser una buena solución a vuestra situación. Se os darán recursos para gestionar la tensión, habilidades para comunicaros, recursos para afrontar los posibles estallidos.
  1. Si consideras que tu pareja se va a mostrar reacia a la terapia de pareja, porque lo has mencionado en otras ocasiones y muestra negativas, te expresa que es normal tener conflictos, que lo vuestro tiene solución con el tiempo, pero te quedas con las ganas de poder encontrar una alternativa, una forma de enfrentar la situación que te genere la sensación de que lo puedes controlar, siempre puedes acudir al/la psicólogo/a para incorporar recursos para ti que, con el tiempo, también sean un recurso útil, válido y bueno para la pareja.
  1. Centro Asesor de la Mujer en tu localidad. Son centros especializados en recibir personas como vosotros en situación de violencia en vuestra relación de pareja, y podrán ofreceros recursos propios como externos a ellos.
  1. CAIF (Centro de Atención Integral a las Familias). Si mantenéis una familia y tenéis miedo a que la situación se generalice o afecte a los menores, consultad con vuestro centro más cercano. Al igual que en el primer caso, es un servicio especializado en la atención a situaciones de violencia intrafamiliar y podrán ofreceros ayuda según vuestro caso.
  1. Si te sientes inseguro/a, tienes dudas o no conoces recursos cercanos. Si no dispones de información de los centros que mencionamos más arriba, o tienes miedo de acudir directamente, puedes ir a tu centro sanitario más cercano y que te informen de los diferentes recursos a los que te pueden derivar.
  1. Abandonar el contexto. Si estáis en la fase en la que ambos acumuláis tensión y percibes que el estallido está cerca, abandona el contexto en el que estás. Si convives con tu pareja, busca una relación de amistad o familiar con la que te sientas cómodo/a y pide ayuda.
  1. Fase de estallido. Si acabas de vivir una agresión o estás en medio del estallido, llama al 112 o el 016.

Por nuestra parte, tenemos el servicio de atención psicológica online y el curso online “Dependencia emocional: la gran carga”, diseñado para tomar consciencia de la toxicidad de la relación, identificar el problema y, sobre todo, ayudarte a salir de él.

Estaremos encantados de ayudarte si así lo requieres.

Un abrazo enorme y recuerda: NO ESTÁS SOLO/A.