Captura de pantalla 2017-12-28 a las 12.12.27Hoy día de los Santos Inocentes, quiero compartir con vosotros una parte de mi vida. Aquella en la que conecté con lo más bonito que tengo, mi hija Ainara.

“Barcelona, 1 de Marzo de 2015.

Aquí me encuentro, nerviosa e ilusionada al mismo tiempo. Hace tanto que te espero que cuando está más cerca tu llegada mi mundo emocional se ha puesto boca arriba. Miedo, felicidad, incertidumbre, deseo… todo eso y mucho más es lo que circula entre mi corazón y mi mente. Te amo tanto sin conocerte, mi bebé, desde el primer día en que me propuse ser mamá y de eso hace hoy ya nueve largos años. Dicen que el amor de madre supera cualquier adversidad, no? Pues aquí estoy para superar todas las que vengan, porque sé que más temprano que tarde nos vamos a conocer mi cielo.

Quién me iba a decir a mí que el ser mamá sería una de mis grandes metas y se convertiría en mi fuerza motriz para seguir adelante. Yo, una persona que cuando era adolescente y ya entrada la etapa adulta siempre decía que no me llamaba la atención tener hijos. No sé qué había de cierto en aquella afirmación, o qué había de miedo, porque la verdad el parto es algo que siempre me ha dado mucho respeto.

No sé en qué momento concreto eso empezó a cambiar, supongo que cuando más necesidad de amor tenía yo. Hacía años que mis emociones estaban montadas en una especie de montaña rusa: un amor pasional que no era correspondido, una inestabilidad laboral que limitaba mi gran vocación psicológica, un matrimonio no aceptado a nivel familiar y pocas o muchas otras pequeñas situaciones que completaban este cuadro que me tenía casi al borde de la depresión.

En medio de todo ese huracán tan devastador empezó a aparecer en forma de pensamiento una luz en el horizonte: “Qué fácil sería todo si tuviese un bebé al que dar y me diese todo el amor del mundo. Qué mejor brújula para salir de este mar emocional tan tormentoso”.

Aquél pensamiento se fue haciendo cada vez más recurrente en mi mente y la ilusión de que ese sueño se hiciese realidad se convirtió en una mano amiga que tanto necesitaba para salir del pozo. Pero, nunca imaginé que el camino fuese tan complicado. Sólo pensar en todo lo pasado se me humedecen los ojos, ya que no hay nada más frustrante que desear algo y no poder tenerlo.

Los meses pasaban y no llegabas. Cada mes que la menstruación me bajaba era una piedra más en mi mochila: pruebas médicas, tanto mías cómo de tu papá, tratamientos homeopáticos, listas de espera en clínicas de fertilización… Nada de eso concretaba la gran noticia de tu fecundación. Los nervios se iban acumulando, los ataques de migrañas se sucedían hasta que pasó lo que más me afectó de todo, se me retiró la menstruación durante dos años y medio. De repente, pasé de llorar cada mes que la veía, a llorar mucho más cada vez que no me venía. Creí volverme loca en aquel momento. ¿Sería posible que fuese menopáusica con poco más de 30 años? No lo quería aceptar. ¿No era suficiente con todo lo que ya estaba sufriendo? ¿Por qué ahora esto?

Cuando ya creía que todo estaba perdido conocí a la persona que hoy puedo catalogar como mi ángel humano: “Maya”. Un ser de luz que me devolvió la esperanza de ser madre. Ella, un alma espiritualmente evolucionada, me dijo que no me preocupara que ella me iba a tratar los ovarios con imanes, a través de la técnica biomagnética, y que ese bebé tan deseado acabaría estando entre mis brazos.

Nunca había creído en las energías espirituales y mucho menos en Dios, pero algo me decía, quizás la desesperación, que debía dejar atrás mi escepticismo y abrir la mente a nuevas ideas que tal vez me enseñaran nuevos caminos que me acercarán más a ti cariño.

Los meses pasaban y mis ovarios seguían sin ovular, lo que me llevó a un ataque de ira y rabia constante hacia ella porque cuando un mes más la respuestas era no, yo sentía que estaba jugando con mis sentimientos y eso embargaba mi alma de mucho odio. Cuando conseguía calmarme, me sentía mal porque pensaba: “Cómo puedo reaccionar así con alguien que está haciendo todo lo que está a su alcance para ayudarme a ser madre”. No me gustaba en lo que me estaba convirtiendo y eso me dolía mucho porque no me considero una mala persona, pero aquellas reacciones emocionales tan desadaptadas no parecían de ser demasiado buena.

Ella me hablaba de los ángeles y yo pensaba, ¿será que estoy tratando con una persona con un trastorno mental? Eso me tenía muy contrariada, pero poco a poco las señales de tu llegada se iban haciendo cada vez más evidentes. Señales de todo tipo: canciones, imágenes, personas que me decían algo específico en el momento preciso, tantas y tantas cosas. Una de las que más me impactó, al principio, fue el viaje a Lourdes. Yo nunca he sido una persona religiosa, más bien todo lo contrario, pero tu papá sí lo es y mucho. Un día él estaba escuchando la radio y organizaban un viaje en bus al Santuario de Lourdes. Me propuso ir pero a mí no me apetecía demasiado, así que le fui dando largas ya que decían que quedaban pocas plazas. Pensé, si llamo a última hora me dirán que ya no quedan y así me libro de ir jajaja. Llamé el último día de la inscripción y me dicen: “ha tenido suerte, justo se acaban de dar de baja dos personas, así que las plazas son suyas”. Pues nada, ahí que nos ves pegándonos la paliza en bus hasta Lourdes. Aquel sitio era bien particular: personas vestidas de la Orden de Malta, gente enferma con su carril para sillas de ruedas y tiendas de souvenirs por todos lados, era como una imagen algo surrealista. Al caer la noche todo el mundo se reunía en la plaza frente al Santuario, y allí que fuimos nosotros con unas velas encendidas. De repente, la imagen de la virgen empezó a descender desde la parte alta hasta la entrada a través de uno de los laterales. Al llegar a la plaza, la gente empezó a formar un pasillo para dejarla pasar y justo donde yo estaba situada se paró. No sé porqué, ahí, mirándola a la cara, y tan cerca de mí, le pedí que te dejase llegar a mi vida. Después de aquello nos fuimos a dormir y a la mañana siguiente cogimos el bus de vuelta. Y fue en ese trayecto cuando me pasó algo que me impactó. De repente, una niña, que iba con sus padres en el bus, se acercó a mí y me puso su mano en el vientre preguntándome: “¿Tienes aquí un bebé?”. ¡Ufff! Es ahora de sólo explicarlo que se me pone la piel de gallina. Fue tan y tan emocionante.

Al poco tiempo, con la ayuda de las terapias de Maya y mi gran protección divina, mi ángel Ezequiel, al que amo con locura, consiguieron que mis ovarios volvieran a funcionar y en algo más de un año mi menstruación se volvió regular. Eso sí, tú seguías sin hacer acto de presencia y de tanto en tanto mi dolor volvía y las lágrimas corrían como ríos por mis mejillas. ¿Cómo podía ser que teniendo ya bien mi parte física siguiese sin quedar embarazada? Qué difícil resultaba todo este proceso emocional. No paraba de ver niños por todas partes y eso me atormentaba.

Quise convencerme de que tenía que aceptar mi destino y si en él no existía la posibilidad de ser madre, debía asumirlo. Pero cuánto más lo pensaba, más señales me llegaban de que ese día de tu nacimiento iba a llegar.

Me volqué en el trabajo, tratando de buscar amparo en algo que me mantuviese la mente ocupada, y de repente, hace pocos meses Maya me explica que ha soñado que ascendía al cielo y que Dios le dijo que llegarás a mi vida en el mes de febrero. Nunca los ángeles nos habían dicho fechas concretas, tan sólo que mi bebé llegaría y que me tenía que relajar, que los tiempos de Dios no eran los míos. Así que al oír una fecha me impactó. De repente, de nuevo los pensamientos y deseos por ti se arremolinaban en mi mente a una velocidad pasmosa.

Era noviembre cuando Maya me lo comunicó, en Diciembre se me atrasó la regla una semana y me asusté porque llevaba ya más de un año y medio sin retrasos, pero finalmente me vino y me relajé. En cambio, en el mes de enero se me adelantó una semana, lo cuál me llamó la atención porque sino se me hubiese adelantado no hubiese existido la posibilidad de embarazarme en febrero. Entre todos estos cambios y nervios constantes, llegó febrero y claro, ¿cómo frenar a la mente cuando dispones de una información que deseas que se haga realidad? Hablé con tu papá sobre lo que sabía y decidimos que íbamos a poner todo de nuestra parte para conseguir que invadieses de felicidad nuestra vida.

Hoy hace algo más de una semana que mi menstruación no me viene, tengo náuseas, algo de vómitos, pequeños malestares menstruales, los pechos con sensibilidad, lloro por cualquier cosa y mis ojos tienen más luz que nunca. Así que no puedo evitar pensar que por fin llegaste a casa.

Le comenté a maya y a los chicos, como llamamos a Josué y Ezequiel (nuestros ángeles) y me confirmó el embarazo. Pero, no puedo evitar pensar en que sin una prueba de embarazo no puedo estar 100% segura. Aún es pronto para hacerme esa prueba, esperaré al menos 15 días más, se me van a hacer larguísimos.

Los primeros días de retraso he estado con la ansiedad por las nubes. Es entrar al baño a orinar y temblar por si viese que me había bajado la regla. Un estado de tensión emocional terrible. Pero, de repente, hace unos días una usuaria de la página de Facebook “Ciara Molina Psicóloga Emocional” me mandó un mensaje privado con un símbolo.

Sin título

 Me pareció muy raro y por si era algo malo no le pregunté, se lo envié a Maya y me dijo que no lo conocía, que le preguntase a la chica. Total, me armé de valor y le pregunté. Ella me dijo: “Es un símbolo muy bonito, se trata de un espermatozoide kósmico”. Aquello me impactó y me puse a buscar información. Simboliza la fertilidade en Gaia, la Tierra. No podía dejar de llorar, era un mensaje tan claro. Le pregunté a la chica que porqué me mandó aquello y me dijo: “para que lo interpretes, nada más”.

La idea de que ciertamente ya estás en mí se hace cada vez más intensa, y aunque no voy a estar tranquila hasta la prueba, puedo decirte que en el fondo sé que estás y eso me hace enormemente feliz.

Te quiero mucho mi bebé hermoso.

Tu mamá.”

Ainara nació el 31/10/2015, el regalo más maravilloso que me dio la vida.

Espero que mi historia te aporte luz en tu camino y recuperes la fe y la fuerza de hacer de tu vida lo que desees, aunque por momentos todo lo veas oscuro.

CIARA MOLINA
Psicóloga Emocional 
Máster en Dirección de Recursos Humanos
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