Sobreproteger-a-tus-hijos-les-puede-causar-bajo-rendimiento-escolarPlanteemos varios escenarios, ¿te parece?

Escenario 1

Llegas de trabajar y tu hijo/a menor te pide ayuda para hacer con él/ella los deberes del colegio. Haciendo una valoración de lo cansado/a que estás después de la jornada laboral decides hacérselos tú, ya que tardas menos que explicándoselos y te aseguras que los lleve bien resueltos.

Escenario 2

Hoy en la mañana tu hijo/a adolescente te comenta que tiene que rellenar la solicitud para la matrícula del curso que desea realizar el año próximo, sin pensártelo dos veces coges el formulario y lo empiezas a rellenar. Obvias preguntarle qué aspectos desea destacar, por lo que acabas coartando la posibilidad de trabajar su autonomía respecto a la responsabilidad y la toma de sus propias decisiones.

Escenario 3

Llega el momento de dejarlo/a salir de casa por la noche, está en edad de divertirse, socializar con los amigos, pero sientes un miedo atroz a que le pueda pasar algo. El temor es tan fuerte que optas por pedirle que cuando llegue la hora de volver te llame para ir a recogerlo/a, a pesar de que sabes que sus amigos viven muy cerca y viene acompañado/a.

¿Te reconoces en alguno de ellos? ¿Sabrías decirnos que tienen en común?

La sobreprotección es la respuesta. ¿Qué entendemos por sobreprotección? evitar a los hijos la asunción de responsabilidades, deberes y/o libertades propias de la fase de desarrollo en la que se encuentren, con la intención de facilitarles la vida, hacérsela más cómoda, exenta de preocupaciones y que solo se dediquen a ser felices.

¿Qué motivos la sustentan?

  • Comodidad: Nos es más cómodo hacer nosotros esa tarea que dominamos, y/o nos cuesta poco o ningún esfuerzo, que salir de nuestra zona de confort para enseñar a nuestros hijos a hacerla, con el consiguiente empleo de energía, paciencia y tiempo que se precisa para ello.
  • Perfeccionismo: Queremos que nuestros hijos triunfen, entendiendo por éxito que sean los más listos, que destaquen en deporte y en música, que sean los más sociables, que dibujen mejor que nadie, etc. Como consecuencia, intentamos evitar a toda costa que no se equivoquen, realizando por ellos las actividades en las que creemos que pueden fallar, y eludiendo así su posible frustración por no conseguir el resultado deseado.
  • Prisa: Vivimos acelerados, pasando de una actividad a otra a un ritmo vertiginoso, y con esa misma rapidez es con la que actuamos cuando se trata de ayudar a nuestros chicos, bien sea, como hemos visto en los ejemplos anteriores, haciendo labores que les corresponden a ellos para acabar cuanto antes y poder proseguir con nuestra apretada agenda, o no dedicándoles el tiempo suficiente a prestar atención a lo que nos dicen y sienten cuando interactúan con nosotros.
  • Miedo: El miedo es una emoción desagradable que si no sabemos controlar adecuadamente acaba por dominarnos, coartando nuestra libertad y convirtiéndonos en personas temerosas y desconectadas de nuestra esencia. Uno de los mayores miedos que sentimos al ser padres es que nuestros hijos sufran a causa de malas experiencias, de modo que intentamos esquivarlas por medio del control excesivo y la hipervigilancia.
  • Desconocimiento de nosotros mismos: El autoconocimiento es fundamental para poder gestionarnos adecuadamente y mantener nuestro equilibrio emocional. Si no somos conscientes de nuestras necesidades y las de nuestros hijos no podremos educarles desde la responsabilidad consciente.

Ahora que ya conoces qué origina la sobreprotección, ¿quieres aprender a educar sin sobreproteger? Te decimos cómo:

  • Fomentarás la autonomía emocional de tus hijos, quienes crecerán como personas independientes con habilidades para no ceder al chantaje o abuso emocional ni ser víctimas de personas manipuladoras.
  • Potenciarás su autoestima: Al sentirse capaces de hacer las cosas por sí mismos desarrollarán su autoconfianza y mostrarán seguridad para trazar su propio camino, al margen de la opinión de los demás.
  • Favorecerás su creatividad, resiliencia y toma de decisiones: Cuando se ven obligados a buscar soluciones a los problemas que enfrentan se muestran más creativos que cuando simplemente aceptan las opciones que les sugerimos. Esta creatividad, a su vez, refuerza la confianza en que podrán hacer frente a los contratiempos que les surjan, por lo que están desarrollando su resiliencia y, todo esto, les invita a ir tomando decisiones y aprender de sus consecuencias, sean estas positivas o negativas.
  • Les harás ver que el miedo es una emoción adaptativa y que enfrentándose a él no tiene porqué dominar sus vidas. De este modo, pese a las posibles inseguridades que puedan sentir, harán de la experimentación de nuevas situaciones un refuerzo en la conciencia de sí mismos.
  • Trabajarás su tolerancia a la frustración: Cuando su autoestima está bien construida se sienten seguros para equivocarse y aprender de sus errores, ya que ven éstos como los maestros que les enseñan acerca de sí mismos y los demás, y les permiten seguir mejorando cada día.
  • Permitirás que exploren en su interior, propiciando su autoconocimiento. Ser conscientes de cuáles son sus fortalezas y debilidades es lo que hará que se acepten plenamente y se quieran, por lo que, podrán construir relaciones equilibradas y satisfactorias con los demás.

Una vez conocidas las ventajas de la educación saludable, ¿quieres aprender a practicarla?

  • Empieza por conocerte bien para poder practicar una educación consciente. Para ello, dirige la atención hacia ti y obsérvate sin juzgarte. Prueba a hacerte preguntas como éstas: ¿Qué emociones siento y dónde las siento? ¿Soy capaz de percibir las emociones de los demás? ¿Cómo actúo cuando estoy cansado/a o estresado/a? ¿Conozco cuáles son los valores que me mueven? ¿Soy coherente con ellos? ¿A veces siento contradicción entre lo que pienso, digo y hago? ¿Cómo se manifiesta en mí esa contradicción? ¿Reconozco cuáles son mis miedos?
  • Evalúa la ayuda que tus hijos necesitan en cada momento. Si se trata de una tarea adecuada a su edad y capacidades, oriéntales para que la realicen de forma autónoma, valorando su esfuerzo por encima del resultado obtenido. Si es una tarea más complicada, enséñales estrategias para abordarla como, por ejemplo, dividirla en otras más pequeñas y asequibles. Así aprenderán a organizarse, mantendrán unas expectativas razonables y se automotivarán conforme van completándolas.
  • Desactiva el piloto automático. El mejor aprendizaje que puedes darle a tus hijos es tu ejemplo, así que actúa conscientemente, no te dejes llevar por la comodidad, las prisas, el cansancio o el estrés. Cada momento con ellos es una oportunidad para educarles como seres autónomos y responsables, así que disfrútalo e intenta dar lo mejor de ti.
  • Deshazte del perfeccionismo inútil, incide en que somos humanos y por tanto imperfectos, y eso, lejos de ser un motivo de tristeza, es un estímulo para seguir creciendo. Anímalos a que mejoren y se superen a sí mismos de una forma sana y realista, centrándote en que la verdadera satisfacción procede del esfuerzo realizado y no del resultado conseguido.
  • Permíteles experimentar en vez de convertirte en su escudo protector. Propicia que asuman responsabilidades acordes con su edad y madurez, y no tengas miedo a que se equivoquen. Nadie aprende por cabeza ajena y cometer errores forma parte de su proceso de aprendizaje, así que no cedas a tus miedos, trabájalos para no transmitírselos y relaja el control y la vigilancia.
  • Crea situaciones de toma de decisiones. Éstas pueden ser muy variadas: la ropa que eligen para vestirse, cómo administran su tiempo libre, con qué tareas están dispuestos a ayudar en casa, qué acciones van a llevar a cabo para no llegar tarde a clase, etc. Fomenta su autorreflexión y autoevaluación respecto a las consecuencias de dichas decisiones.
  • Establece una buena relación con tus hijos. Conócelos, interésate por lo que sienten, sus gustos, opiniones…, expresa tus emociones delante de ellos, practica la escucha activa y la empatía, respétalos y valóralos por lo que son, comunícate con ellos… Cuanto más sólida sea esta relación mejor conocerás sus necesidades y sabrás cómo ayudarlos sin sobreprotegerlos.

Merece la pena el esfuerzo, ¿verdad? El beneficio es de todos.